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Mares

Espejo de historias inmemorables, páramo líquido sembrado de cruces, boca de labios irreconciliables, El Mediterráneo. Rozando la melena de su oleaje, libre de tiempo y fronteras, cabalga como arena en el Siroco la incontenible voz del Poeta. Voz de uvas y de mar, de montañas y de leña, con versos construye un barco; como aquel con que escribiera atravesando el Atlántico, su más hermoso poema. “Esto era yo”, acababa de decir ella —y si,así era, del mar entera, antes de que el miedo le cambiara las ideas—, cuando parada en el embarcadero de una playa en Marsella a sus espaldas oyó: “Necesito del mar porque me enseña…” voz de mujer, que como el mar, parecía dulce a pesar de ser de sal continuó leyéndole a su compañera “No sé si es ola sola o ser profundo…” y en ese instante se alzó en la ola que nombraba, la presencia del Poeta. Como si aquellas islas y esas fortalezas teñidas de oro por la luz oblicua, hubiesen nacido de tu voz, en tus Odas y en tu Canto. Como si todo lo que existe: el amor y el pan, los caminos de la…

Magas

Cierro los ojos. Miro al fondo de mi entrecejo: precipicios y montañas, la arrugada superficie de la tierra, mi vida: semillas en la arena, leche derramada. Promesas incumplidas, secretos y mentiras, lo de siempre, sobre nacimientos y muertes. Lo cual me lleva a: piel consumiéndose en el deseo de una caricia que no llega Vengo de una larga línea de mujeres que amaron a hombres excesivos, excesivamente, de mujeres amasando pan y susurrando en las cocinas, madres perdidas que perdieron a sus hijos; mujeres que rezan; mujeres que juegan y se evaden; mujeres buscando las salidas de emergencia, hurgando precipicios y resurgiendo aladas magas del ascenso y la caída.




Autoretrato de La Muerte, actualizado

‘Desde mis ojos insomnes mi muerte me está acechando’ Muerte Sin Fin, José Gorostiza
Me visto de colores y oculta en tu jardín, embriagada de rosa y jazmín bailo alrededor de ti aunque tú no lo sepas. Te miro desde el espejo. Conozco el crujir de tus huesos y los nudos de tu cuerpo. Habito en un cuarto vacío de tu apartamento, donde nadie se atreve a entrar. Mi nombre es impronunciable. Me oyes gemir en las piedras de Siria, después de los bombardeos. Atravieso las profundidades del Mediterráneo, hurgándolo con mis dedos, consolando a los ahogados. Estuve en Luisiana con mi calaca presente, cuando dos oficiales prensaron a un hombre contra el suelo, luego uno sacó su pistola y la hundió en la carne blanda, justo sobre el corazón, y apretó el gatillo. Palideció el rostro negro del inocente, sorprendido al verme llegar.

Autorretrato de La Muerte

‘Desde mis ojos insomnes mi muerte me está acechando’ Muerte Sin Fin, José Gorostiza
Me visto de colores y oculta en tu jardín, embriagada de rosa y jazmín bailo alrededor de ti aunque tú no lo sepas. Te veo desde el espejo. Conozco el crujir de tus huesos y los nudos de tu cuerpo. Habito en un cuarto vacío de tu apartamento, donde nadie se atreve a entrar. Mi nombre es impronunciable. Me oyes gemir en las piedras de Siria, después de los bombardeos. Atravieso las profundidades del Mediterráneo, hurgándolo con mis dedos, consolando a los ahogados. Estuve en Luisiana con mi calaca presente, cuando dos oficiales prensaron a un hombre contra el suelo, luego uno sacó su pistola y la hundió en la carne blanda, justo sobre el corazón, y apretó el gatillo. Palideció el rostro negro del inocente, sorprendido al verme llegar. Me escurro entre estas hojas de papel y la tinta con que intentas ordenar

Palabras

Busco palabras, pocas, profundas, sencillas. No discuto, escribo. La vida tranquila, redonda, sin prisa donde puedo oir una hoja caer o un pensamiento nacer. Silencio donde se escucha el corazón que tirita, al deslizarse un recuerdo, dentro de algún momento. Al atardecer paseo por salones amplios de cúpulas verdes altísimas, de cielos oro y fuego a la hora que cantan los pájaros anunciando su partida.

Retorno

Toco mis objetos recorro una a una las repisas, me vuelvo a hacer amiga de mis centinelas olvidados: el barro negro, la obsidiana, el papel. Sacudo el polvo, las telarañas …antiquísimas! Voy reviviendo con el contacto de cada cosa y cada cosa se va reanimando Entre mis manos.
Al atardecer, cuelgo la hamaca en el jardín. Es verano y las estrellas tardan más en aparecer. Sigo meciéndome… intento imaginar la mente Maya, reflejo de esos cielos magníficos protectores de las ceibas.
Finalmente aparece la primera estrella no sé qué deseo pedir, durante años pedí una sola cosa: que me quisieras.
Bajo la luna deslumbrante, como los gatos me oculto entre las sombras, languidezco. Mi piel se eriza por momentos en la noche poblada de presagios y recuerdos.
Mis manos, ángeles caídos, sobre el teclado se empeñan en reconstruir la historia; me sorprende la mañana con su frescura y sus pájaros, al acecho de palabras y de cuentos.

Domingo - Para Julian

Como lluvia con sordina pequeños copos de nieve, analogía congelada de las flores de cerezo, caen en plena primavera.

En el fondo del estanque la helada sorprendió a las ranas en medio de su abrazo anfibio, fantásticas criaturas de dos cabezas y ocho patas . Las rosas con sus promesas dicen ¿Cuál frio?
La Vincapervinca, Yerba Doncella, Violeta de Las Brujas, Ojos Azules, Yerba Ciega, Periwinkle, borda de índigo la alfombra espesa y blanca.
Bajo su tocado alba el Buda de piedra sueña con su vida en los Himalaya.
Y yo con todo y todo tan falta de fe me pierdo en origami de palabras.